25 junio 2009

Sexto Diecisiete

Una mañana del sexto diecisiete desperté...
con la melodía matinal que entonan las aves
y el arrullo de la danza que ensayan
los árboles de mango con la brisa suave.
Agradecí al eterno mi vida con una sonrisa
y encontré el silencio de tu voz
en los gritos inquietantes de un mensaje
que lei para arrebatarme
el dolor que produce la distancia.

El sexto diecisiete
esta forjado en mi memoria,
acaso como el día que cambió la vida
de dos almas austeras y extraviadas
en el estridente fragor de la pobreza
y la cálida paz de la esperanza diaria.

Aprendieron a sonreir tus padres ese día.

Amada progenitora
viniste al mundo para engendrar amor
en aquellos que te trajeron
y en los que trajiste y moldeaste
con el esmero de un escultor.

Llegaste para sembrar sonrisas
donde el llanto impasible
azota solícito y sin demora,
supiste recordar que un dia,
antes de cobrar vida,
tuviste alas y acogiste
a quien necesitaba de tu calor
y tu alegría.

Admiro hasta las lágrimas
el peregrinar de tus días,
incluso supiste convertir
en sueños dulces
las mas graves pesadillas
y aunque la distancia
me haya robado tus abrazos
yo supe arrebatarle
algunos recuerdos para clavarle
un imperdible en mi pecho,
así llegan a ser mías al fin
las diurnas y nocturnas
caminatas interminables
de la Avenida San Martín
y el casi silencioso rezo
de nuestros pasos solitarios
por la Avenida de El Rosario.

Me quedan los dedos manchados
por apoyarlos en la pared
mientras caminabamos,
tu a mi izquierda y mis hermanos
agarrados de tu falda
cual pajarillos asustados,
siempre aclarando mis dudas
con la mujer que todo contesta
pacientemente y sin descanso.


***

Para Delfina Alicia Rázuri Espinoza, la única prueba tangible que tengo acerca de la existencia de Dios.
En el día de su cumpleaños: Diecisiete de Junio o Sexto Diecisiete
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