20 abril 2009

"Mi sueño estaba escrito"

...Todos venían junto a mí, pero nadie parecía advertir mi lugar. Quiero entender qué esta pasando, por qué de pronto me cierran el paso y me ahuyentan como si no me reconocieran.
Dos pequeños se acercan a mí solo parra llevar sus manos a mi frente, eso me hace sentir tan contento que me sorprende un temblor en todo el cuerpo. Cuando esos niños se alejaron de mí, me detuve para contemplar el horizonte, tal vez, en la infinita luz del cielo, encuentre el consuelo salvador que me aleje del sabor amargo que me produce el rechazo y la mirada fiera.
Recuerdo nitidamente la noche que antecedió a este triste atardecer, solo ha sido ayer, sin embargo tengo la sensación de haber vivido un siglo. Debo estar hablando otro idioma porque nadie me entiende lo que digo ni quieren hablarme, solo contestan a mi desesperación con caricias que no quiero y mandatos que no comprendo.
Ahora que estoy frente a este horizonte gris y pretendo entenderlo todo, termino entendiendo nada. ¡Un momento! dije gris. ¿Gris? ¡No hay colores¡ ¿Qué le han sucedido a tus colores, oh cielo? ¿A dónde ha ido tu rosada belleza, atardecer traicionero? tú tambien me vas a tratar como me tratan ellos. Me han robado los coolores de mis pupilas, a cambio me han dejado solo luces para mendigar sombras. No entiendo qué está sucedien...

-Ven para acá, ven, ven, ven. -Me dijo mi hermano con extraña ternura- Tranquilito, venga que le voy a hacer un regalito.
-Qué pasa José, ¿qué quieres de mí? -le pregunté; pero como no me respondió, me acerqué con cuidado.

No advertí que me había encadenado hasta que un tirón casi me asfixia cuando traté de alejarme. En cuanto más trato de salir de este espantoso asombro, tanto menos lo logro. Me quejé con todos y solo con indiferencia fui atendido. Me sentí humillado y vapuleado no solo por ellos sino porque en el fondo no podía sentirme yo, quería mirar el pedacito de cielo que cae sobre mi cabeza con la esperanza de adivinar la mirada compasiva de Dios, pero ni siquiera eso podía hacer, miraba mis pies como si fueran mis manos y hacía cosas que jamás hubiera hecho en mi sano juicio. ¡Debe ser eso! He perdido el juicio. Ahora lo entiendo todo, he enloquecido.

-¿Entonces qué puedo hacer? -me preguntaba mientras me arrastraban por el cuello con la cadena- Actuaré como ellos esperan que lo haga, ¡O mejor aún! Actuaré como ellos.

José, mi hermano, tiraba rabiosamente de la cadena que sujetaba mi cuello, mi falta de costumbre me obligaba a resistir, pero como estoy loco, esto debe ser una cosa normal y debo estar contento de estar encadenado. Sí señor, qué bonitas estan mis cadenas.
¡Esto está funcionando! Los que vienen con nosotros me tratan con empatía, con cariño, así como yo los he conocido siempre. Traté de hablarle a José, imitándole.

-Oye, José ¿A dónde vamos?
-Ya chiquito, ya-ya-ya -Me respondió-
-Ya pues José, ¿A dónde vamos? Dime.
-Yo te voy a dar algo a la hora que lleguemos.

Nos detuvimos en medio de un barullo.
¡Una fiesta. Qué bien!, La gente en medio de la calle, comía, bailaba y bebía. Me adelanté, olvidando la cadena, para bailar comer y beber con el mismo desenfreno que mostraban los demás. Yo fingía muy bien estar cuerdo, pero los demás enloquecieron.

-¡Fuera! ¡Fuera de aquí! Desgraciado, ¿Quién ha venido con este animal?
La muchedumbre encajó en mi cuerpo toda clase de golpes: carterazos, patadas, manotazos. Me aventaron todo lo que encontraron, intenté defenderme, pero preferí calmarme entendiendo que el demente era yo.
Mi hermano José me cogió por la espalda, me detuvo las manos, me cargó con cariño y me llevó escalones arriba hasta la azotea.

La noche, oblicua para mí, me ofrecía sus mas bellas constelaciones. No logré divisar a la luna, y yo que quería convertirla en el despliegue de mi profunda melancolía, que era el mayor malestar de mi estado de locura. Ay de mí que no encuentro cordura, he perdido mis pasos, mis colores, mi ternura. No quiero llorar, pero este pesar irremdiable me obliga, ahora soy prisionero de mi mismo, de mí y de mis abismos.

Lloré y lloré toda la noche.
Yo creo que se olvidaron de mí porque nadie vino a buscarme cuando se detuvo la música, las luces y los gritos desaforados. Nadie ha venido a buscarme, peor aún, no recuerdo el camino de regreso a casa. Lloré incansablemente hasta que dos sombras oscurecieron una pared apenas iluminada, uno de ellos sostiene un palo, el otro trae una escoba.
Se acercaron a mi amenazándome. pensé en huir pero era demasiado alto para arrojarme.

-Maldito animal, vas a dejarnos dormir aunque tengamos que matarte -dijeron antes de desmayarme a golpes-

Después sentí mis músculos contraerse con violencia con cada golpe, traté de cubrir mi rostro, dejando expuestas mi piernas, mis manos, mi tórax. No pude defenderme más. No pude.
Me cogieron de la espalda, como se coje a un animal sucio, alargándome la piel. Un ojo que no pude cerrar me mostró, de un lado, dos caras llenas de risa y burla, del otro, un vacío hacia el asfalto que me revolvía el estómago.
Caí tan pesadamente y de bruces que apenas sentí el ruido.

Nuevamente los colores aparecieron delante de mí, La noche era azul oscura, y las casas parecían sonreir nuevamente al escapar de las sombras de mi disminuída visión. Sentí la lluvia caer sobre mí, sentí más frío y me levanté feliz de estar vivo.

Miré mi cuerpo destruído, pero no lo sentí como mío...
¡Un perro! He sido un perro. He sido un perro y he sido un sueño. Sentí ganas de correr, correr antes que el olvido destruya este sueño, Tengo que llegar a tiempo a mi blog, una hoja en blanco debe estar esperando por mí ahora.

No tuve que escribirlo; ni siquiera recordarlo, ya todo lo había olvidado; mi sueño estaba escrito.
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