14 mayo 2009

"En el césped y en el fango"

Estimado Sr. Rodriguez, en un instante quise olvidarle, mas es utópico que olvide a las personas que conozco en este breve espacio de tiempo que es la vida, empero me gustaría olvidar a unas cuantas personas que lejos de compartir el ánimo de contribuir que siempre ofrecí, solo supieron restar y destruir. Afortunadamente dentro de ese grupo de personas no se encuentra Ud. en principio porque siempre se ha mostrado amplio y sincero, incluso cuando ha tenido que recurrir a la mentira lo hacía de tal modo que aquel que se precie de conocerlo lo advierta de inmediato. Cuantas veces lo he creido falto de sinceridad y me he equivocado, cuantas veces lo he juzgado secretamente sin conocer sus verdaderas causas. Como todo buen alumno, estuve llamado a malentender a mi mentor.

Sucede que hemos tenido la osadía de fundar nuestra amistad entre el cesped y el fango, para decirlo claro, entre los buenos sentimientos humanos y los intereses económicos. Y digo osadía porque hay pocas amistades que se conservan en virtud de esta doble realidad, pues cuando la amistad y los negocios cumplen el doble papel de precedente y antecedente, en una circunstancia determinada, ocurre que se pervierte. Si algo tengo que celebrar y no podría celebrar con nadie, es que somos amigos en el cesped y fuimos mas amigos en el fango. Recuerdo que casi siempre he llegado limpio al cesped, sin embargo mientras tenga una mancha en la camisa no podrá decir Ud. que salió limpio tambien...

Ya alguien me hubo dicho que soy un hombre afortunado, y no andaba muy lejos de acertar. Este país me ha sonreído y abrazado, me ha abierto puertas que no sospechaba que existiesen, he vuelto a aprender el valor de la humildad, a cambio he importado sus enseñanzas diarias, su particular vision del mundo que en muchos aspectos estaba lejos de compartir pero siempre trataba con respeto. Todo lo que mis padres me negaron involuntariamente lo he conseguido en el incalculable valor de las personas que conozco. He aprendido a reconocer la peligrosidad de mis viejas conductas y a actuar en favor de mis intereses sin perjudicar, ni pisarle la cabeza a nadie.

Yo debo tener cara de tonto o de honesto, porque a donde vaya la gente me confía sus bienes, su dinero hasta sus mujeres. La razón por la cual se me ofrece tanta confianza no la he llegado a comprender todavía, pero si comprendo qe mi deber es estar a la altura de la confianza mas radical. Todo aquello que no es mío de alguien será, y si quiero que sea mío tendré que ganármelo en el marco de la moral y el respeto por los demás.

Un fuerte abrazo y apretón de manos estimado amigo.
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