01 agosto 2008

"Fraternal Enemigo"

Van lleva encerrado en su recámara casi dos semanas, ha olvidado su minúsculo círculo social, aqueja que le roban demasiada atención.

El tiempo se ha detenido para él, saca la vieja radio que su padre le heredó y desempolva los parlantes para conectarse con la sublime creación de Bach, ahoga su rabia al oír Aria para Suite Nº 3 en D mayor, refugia sus lamentos en Preludio y Fuga, casi logra embalsamarse con la Obertura Nº 2 llamada también Badinaire, las escucha completamente embelesado, los ojos ennoblecidos por la excitación a la que somete sus sentidos, parece querer abrirlos y rendirse en el intento. Van pasa del llanto a la risa con total naturalidad cuando se pierde dentro de si mismo. Ahora prefiero verlo desde la ventanilla de su habitación, ya una vez he intentado interrumpirlo y hubiera querido no haberlo hecho.
Sólo le pregunté
– ¿Por que oyes esa música sin sentido?
Bajó abruptamente el volumen y taladró su mirada furibunda sobre mí, dos segundos después se echó a reír, reía con recatado ludibrio, como si hubiese dicho alguna estupidez
–Déjame en paz Daniel, y escúchame bien para que nadie se burle de ti en el futuro por lo mismo, el idioma en el que te estoy hablando es español, este idioma tiene dos verbos latinos con distinto significado, audire y auscultare, audire que en español es oír significa percibir el sonido con el oído y auscultare que viene a ser escuchar es la predisposición, ¡entiende!, pre–dis–po–si–ción para oír algo. Acabas de sacarme abruptamente del placer más intenso que tengo después de la copulación, y ¿Para qué? ¡para educarte!. Hazme el favor de retirarte, si quieres quédate, pero estaría más a gusto si te vas.

–Sentí como si esa casa no fuera mía, como si de pronto este muchacho arrogante, insolente y proclive al enojo con facilidad hubiera fundado su territorio ese mismo día, por supuesto que no me quedé ahí. Me fui a la sala de estar, cogí mis discos de Led Zepellin (al que Van se refiere con desprecio como Led Zapallín) y me tiré sobre el sofá, no bien cerré los ojos, un portazo me sacudió repentinamente.

Van salió de su habitación sin mediar palabra. No quería hablarle, estaba demasiado irascible, preferí replegarme e ignorarlo. El quería siempre ser la atracción, quería que todo se mueva según su orden lógico y bueno a veces lo logra notablemente, su mundo es fácilmente penetrable. Ahora que se fue puedo hacer la comparación de lo que es esta casa sin él. Ojalá hubiera una manera de explicarlo, por ejemplo ahora mismo las cosas que hay en casa parecen haber perdido su color, como si de pronto todo estaría ligeramente desaturado, carente de brillo, el pasillo que está a mi costado casi siempre esta vacío pero ahora luce desolado, Cuando Van está aquí parece ser que todo objeto inanimado cobra una rara vitalidad.

Hace tres meses, vinieron a buscarlo muchas personas las más de las veces con ánimo de pelear o meterse por la fuerza, incluso la policía quería saber si vive aquí, yo les contesté a todos lo que él mismo me encargó: “Cuando vengan a buscarme para solucionar alguna deuda, diles que te he robado mucho dinero, que estoy metido en drogas y que he fugado la semana pasada con una mujer casada, diles que tu también quieres apretarme el cuello. Mis enemigos se complacerán mucho si se enteran que estoy autodestruyéndome”. Yo no entendí completamente esa conducta, Van estaba sindicado por los que no lo conocen como un loco de atar, yo sabía que no era así, puedo afirmarlo pero a veces me asaltan las dudas. Van se encerró seguidamente durante dos meses, dos meses no se supo nada de el, entraba y salía casi siempre de noche o madrugada y lo hacía siempre por la puerta que su habitación ofrecía a la calle. Dos semanas antes de que saliera de su encierro ya nadie venía a buscarlo. Aquellos que viven cerca murmuraban cuando yo pasaba cerca, decían “Dime con quien andas y te Daniel quien eres” y se reían. Ya estaba acostumbrado a ese tipo de chanzas, ya no les hacía caso.

Van estaba escribiendo un libro y yo estaba, digamos, financiándolo disimuladamente. Consideré preferible no interrumpirlo, no criticarlo, no mencionarle nada porque lo más mínimo podría delatarme. El muy astuto me decía –No quieres darle una hojeada a mi libro? – ¿Libro? ¿Qué libro? Estás loco -le respondía siempre –

Al menor asomo me hubiera increpado sobre la intimidad, el respeto, las sanas costumbres en fin. Hubiera terminado huyendo al saberse espiado, aún sabiendo que no tenía a dónde ir.
Al salir de su encierro, Van llevaba contra el pecho los papeles escritos que significaran su secreto, sus ojos reaccionaban a esa intensidad de luz que había evitado durante mucho tiempo, estaba despeinado y algo sucio. Llegó a decirme que yo era muy malo por no creer en él y que un día no me iba a arrepentir de lo que hacía porque el sería capaz de comprenderme hasta ese extremo. Abrió la puerta, se detuvo para respirar hondo. No le creí capaz de salir a la calle en ese estado y para mi sorpresa ¡lo hizo!.

Su universo, que era otro, no le permitía oír las risas sordas y malintencionadas, yo lo observé desde la puerta, me pareció que estaba escapando, pero sólo iba ligero, con paso serio y raudo. Uno de sus acreedores le salió al paso pero este hizo como si nunca lo hubiera visto en su vida, caminaba cada vez más rápido y se perdió entre la polvareda que levantaban sus torpes pasos. Desde esa tarde hasta entonces no hemos discutido una sola coma de lo que dijo, digamos que era mi forma de creer en él, por cierto que las tonterías que me dijo no tenían fundamento porque yo siempre lo he apoyado, me siento como su hermano mayor y no puedo hacer menos por él que oírlo, perdón, escucharlo e intentar comprenderlo.
Y ahora que se ha ido casi de la misma forma que aquella vez, me preguntó ¿qué habrá ocurrido?.

Alguien golpea la puerta, no he prendido ninguna luz y ya la noche está puesta, debí haberme quedado dormido, es extraño, no esperaba a nadie, Van no toca tan rápido y con tanta delicadeza, iré a ver quién es.

John Alá me asalta y me repliega hasta el sofá que está al costado de la puerta.

–Daniel he escuchado a Van dando una entrevista en la radio
– ¿Qué? ¿Van? ¿en la Radio? Imposible, debe tratarse de otro Van
–No idiota es Van te lo juro
–Ha ganado el Premio Gran Amaru al que postulé también
–Ahora entiendo todo.
– ¿Donde está tu radio?
–No funciona, pero Van tiene uno en su cuarto

Jhon Alá avanzó hasta la habitación de Van, al regresar tenia una expresión de repugnancia.
–Allá Adentró hay un denso olor a comida, bebida alcohólica, sudor y creo que hasta semen.
Bueno, esto no me extraña demasiado, Jhon Alá es un tipo que camina con la nariz levantada como buscando empeñosamente percibir un olor desagradable, en la mayoría de casos su ansiedad lo hace crear olores que pretende rechazar, lo ignoré y prendí la radio enseguida.

Van Scribenz se ha convertido en el ganador del Certamen, Van qué tienes que decirnos:

No es un placer saludarlos.
No me sorprende cómo un determinado espacio cambia tanto cuando se trabaja para ello. En este mundo, señores, hay dos tipos de persona: Los que hacen que las cosas ocurran y los que observan como todo sucede. Muchas veces la vida es contraria a nuestros propósitos y nos dejamos afligir por el día incierto que nos espera. En efecto el día de mañana es incierto para todos y aún para la primera clase de hombres, pero la actitud frente a lo que no conocemos es lo que determina nuestros triunfos o fracasos. Todos sentimos temor, pero en este juego gana el más hábil para encubrirlo. No has de temerle al fracaso jamás, enemigo fraternal, no has de bruñir el calzado de tu soberbia cuando te alces un triunfo. Dejad que la trifulca y el jolgorio lo disfruten los demás, no es tu papel alegrarte, hacerlo sólo te obligaría a rendirte ante la manera más sucia de celebrar un fracaso, auto conmiseración, llanto y descanso. Inventa tus armas, elévalas enérgicamente al cielo, apunta a donde tu divinidad yace y al final del camino verás que la única consecuencia de la lucha diaria es la satisfacción e insatisfacción de quienes comparten tu hábitat.
Tu me odias pero yo te amo fraternal enemigo.
Estamos en los extremos de las cuerdas, Qué esperas ¡Movamos a las masas!.

Salió del aire sin decir adiós.

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